Termas de Caracalla

Uno de los grandes placeres de la antigüedad eran los baños termales. Y una civilización sofisticada y hedonista como la romana no podía quedarse atrás en lo que a termas se refiere.

Por eso las Termas de Caracalla suponen una representación perfecta del cuidado higiene al que se sometían los nobles romanos.

Las distintas termas romanas a lo largo de la historia

La primera constancia de un edificio con termas en Roma la tenemos con el centro termal que Agripa construyó en el siglo I a. C. Al parecer, este complejo termal se encontraba muy próximo al Panteón, otro monumento promovido por Agripa (yerno de Augusto).

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Patios interiores de las termas de Caracalla.

Nerón también quiso edificar unas grandes termas romanas, que serían superadas por las que a finales del siglo I d. C. ordenaron levantar los emperadores Tito y Trajano, en las cercanías del Coliseo.

Es importante destacar que los baños públicos eran una de las grandes aficiones –junto con el circo– de los ciudadanos romanos. Así que la mejor forma de conseguir el apoyo popular era construyendo nuevos complejos termales.

Las termas de Caracalla, lujo y suntuosidad al servicio del Imperio

El año 216 d. C. marcaría un antes y un después, ya que se inauguraron las termas más suntuosas que nunca Roma había conocido hasta entonces.

Las termas de Caracalla fueron las más grandes del Imperio hasta que Diocleciano erigió unas nuevas, todavía de mayores dimensiones. Sin embargo, en cuestión de belleza, las de Caracalla nunca fueron superadas.

termas de Caracalla

Muros de las termas de Caracalla.

Los terremotos y el paso del tiempo tan solo han dejado en pie los muros de ladrillo y algunos restos de las bóvedas.

Se sabe que aquel complejo destacaba por sus costosos mármoles (con piscinas realizadas en una sola pieza de mármol que luego se reutilizarían para las fuentes), los mosaicos decorativos que cubrían todas las estancias o las carísimas obras de arte que adornaban hasta el último rincón.

Gracias a que la estructura de las termas de Caracalla se conserva en su totalidad, podemos saber que aquellas instalaciones serían muy semejantes a los grandes gimnasios de lujo de hoy en día.

Junto a jardines y piscinas públicas al aire libre, en su interior había salas de baños, salas de masajes, saunas, vestuarios, tabernas para cultivar las relaciones sociales, zonas habilitadas para hacer deporte, para leer en la biblioteca o para rezar en el templo de Mitra.

La compleja arquitectura de un centro termal

Si hoy en día es complicado construir un spa, imagina lo que difícil que tuvo que ser hacerlo hace 2.000 años, aunque para este tipo de cuestiones los romanos disponían de tecnologías muy avanzadas.

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Baño interior de las termas romanas de Caracalla.

El primer problema al que tenían que hacer frente era el de la traída de aguas. Una tarea que no era nada fácil y que los romanos solventaron con ingenio gracias a las grandes canalizaciones (acueductos y tuberías) de agua.

Una vez que conseguían que el agua llegase hasta las termas romanas, había que calentarla para utilizar distintas piscinas con distintas temperaturas. Para ello, diseñaron los hipocaustos, un sistema de calefacción bajo el suelo muy utilizado en zonas frías, y que también servía para calentar el agua.

El sistema se alimentaba gracias a un horno de leña que distribuía el calor por suelos y paredes para que los encargados de las termas fuesen controlando la temperatura de cada alberca.

Pero también era necesario deshacerse del agua tras haber sido aprovechada en las termas. Para ello, Roma contaba con la primera y mejor red de alcantarillado urbano de la historia. Así que los desagües se conectaban directamente con la red de alcantarillado.

Y toda esta tecnología de la época es la que llevó a los romanos a construir complejos de relax e higiene tan majestuosos como estas termas de Caracalla.

Situación

Viale delle Terme di Caracalla, 52, 00153, Roma.

Horarios de visita

De martes a domingo, de 9:00 a 18:30 horas (los lunes, de 9:00 a 14:00 horas).

Precios

Adultos: 6 euros.

Para los ciudadanos de la Unión Europea, de 18 a 24 años, la entrada cuesta 3 euros.

La entrada reducida es de 7,50 euros (para jóvenes de 18 a 25 años, estudiantes, profesores,…)

Los menores de 18 años, mayores de 65 años tienen el acceso gratuito.

Cómo llegar

Metro: Circo Massimo, Línea B (Azul).
Bus: Las líneas 118, 160 y 628 pasan por las termas de Caracalla.