Castillo Sant´Angelo

Lo que comenzó siendo un imponente edificio destinado a ser la sepultura del emperador Adriano y su familia, con el paso del tiempo terminó convirtiéndose en una de las más inexpugnables fortalezas de Roma.

Lo cierto es que los muros del Castillo Sant´Angelo han servido siempre para defender a sus moradores. Quienes más saben de esto son los papas, que a lo largo de los siglos han utilizado sus poderosos muros para protegerse de las agresiones que sufrieron a lo largo de los siglos.

El mausoleo de Adriano

Entrada al castillo Sant Angelo de Roma

Puente de entrada al Sant’Angelo de Roma.

En el año 135, Adriano comenzó la obras del mausoleo que albergaría su descanso eterno. Su idea era erigir un edificio imponente en la ribera derecha del Tíber, justo a la altura del Pons Aelius Hadrianus (un puente construido 2 años antes y que siglos después se rebautizaría con el nombre de Puente Sant´Angelo).

Se levantó un mausoleo de planta circular, construido en piedra de travertino, sobre una base cuadrada de mármol blanco de Carrara. Para acceder a su interior, había que subir una rampa helicoidal que iba rodeando toda la edificación.

Y al final de esa rampa, en la Cámara de las Cenizas, se depositaron en el año 138 las cenizas de Adriano, que había fallecido ese mismo año en Baiae.

La epidemia de peste que convirtió el mausoleo en el Castillo Sant´Angelo

En tiempos del emperador Aureliano se reforzó la muralla y se integró el mausoleo en el sistema defensivo romano, con lo que el edificio se reconvirtió en fortaleza militar. La amenaza bárbara se cernía sobre Roma y era necesario protegerse.

Interior del Castillo Sant Angelo

Interior del Castillo Sant’Angelo.

Debido a una de esas violentas oleadas –en concreto la de los visigodos de Alarico–, se perdieron las urnas con las cenizas de los emperadores Adriano, Antonio Pío, Marco Aurelio, Cómodo y Caracalla. Aunque el castillo no llegó a ser tomado en ningún momento.

Por si las invasiones bárbaras fueran pocas calamidades, en el año 590 una epidemia de peste bubónica diezmó la población de Roma.

El papa Gregorio Magno convocó una gran procesión a la que asistieron decenas de mieles de romanos. El tétrico cortejo recorrió las calles de Roma en dirección a San Pedro, dejando a su paso un rastro de 80 cadáveres de enfermos de peste.

A la altura del mausoleo de Adriano, el papa Gregorio tuvo una visión providencial: en lo alto de la fortaleza vio a un ángel que hacía el gesto de envainar una espada. Aquello significaba que la epidemia había terminado.

Ese prodigio motivó que el papa renombrase el antiguo mausoleo como Castillo Sant´Angelo.

La fortaleza que protegía a los papas

Castillo Sant' Angelo de noche

Castillo Sant’ Angelo de noche.

Desde el siglo XI, los papas utilizaron sus muros para protegerse cuando la situación se complicaba, ya fuera por invasiones externas o por revueltas internas.

Y para facilitar mejor la huida, en 1277 se construyó un pasaje fortificado que comunicaba el castillo con la Ciudad del Vaticano. Un pasaje que tuvo que ser usado en más ocasiones de las deseadas.

Durante el famoso saco de Roma de 1527, el papa Clemente VII utilizó el corredor para escapar del Vaticano y esconderse en el castillo Sant´Angelo, mientras la inmensa mayoría de la Guardia Suiza moría a manos de las enfurecidas tropas imperiales de Carlos V.

Situación

Lungotevere Castello, 50, 00193, Roma, Italia.

Horarios de visita

De martes a domingo, de 9:00 a 19:00 horas.

Precios

Adultos: 10,50 euros.

Ciudadanos de la UE entre 18 y 24 años: 7 euros.

Cómo llegar

Metro: Flaminio-Piazza del Popolo, Línea A (Roja).
Bus: Las líneas 80, 87, 280 y 492.